El inicio de un nuevo ciclo escolar representa una oportunidad para aprender, crecer y hacer nuevas amistades. Sin embargo, para muchos niños también puede ser una fuente de preocupación. Es completamente normal que, junto con la emoción, aparezcan nervios, miedo o incertidumbre ante los cambios que trae el regreso a clases.
La ansiedad escolar no siempre se expresa con palabras. Algunos niños pueden decir directamente: “No quiero ir a la escuela”, mientras que otros muestran señales menos evidentes, como dificultad para dormir, irritabilidad, llanto frecuente, dolores de cabeza o de estómago sin una causa médica, o una mayor necesidad de permanecer cerca de mamá o papá. Estas reacciones son una forma de comunicar que necesitan apoyo para adaptarse a la nueva rutina.
La buena noticia es que existen estrategias sencillas que pueden hacer una gran diferencia. Comenzar a ajustar los horarios de sueño algunos días antes del primer día de clases ayuda al cuerpo a adaptarse nuevamente a la rutina escolar. También es útil conversar sobre lo que pueden esperar del nuevo ciclo, resolver dudas y hablar de manera positiva sobre los cambios que vienen.
Otra estrategia efectiva es practicar la rutina de la mañana con anticipación. Saber qué sucederá reduce la incertidumbre y les brinda una mayor sensación de seguridad. Igualmente importante es validar sus emociones. En lugar de decir “no pasa nada” o “no tengas miedo”, podemos responder con frases como: “Entiendo que te sientas nervioso. Estoy aquí para ayudarte.” Sentirse escuchados fortalece su confianza y les enseña que todas las emociones son válidas.
Un buen regreso a clases no significa eliminar por completo los nervios. El objetivo es ofrecer a los niños las herramientas necesarias para afrontar los cambios con mayor seguridad y confianza. Cada niño vive las transiciones de manera diferente, y contar con el apoyo y la comprensión de los adultos puede marcar una diferencia significativa en su bienestar y en el inicio de un año escolar exitoso.